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La ya denominada lepra del siglo XXI, la ÚLCERA DE BURULI, es una enfermedad que está causando alarma en los países de menor desarrollo debido a su espectacular crecimiento y a las terribles consecuencias físicas que produce. La ÚLCERA DE BURULI debe su nombre a la región de Uganda en la que, en 1958, se observaron numerosos casos de una enfermedad bacteriana que, mediante la proliferación de úlceras y extensas llagas, devoraba literalmente los tejidos, músculos y huesos de los afectados, provocando lesiones irreparables, deformaciones, amputaciones y, en ocasiones, la muerte. El colectivo más azotado por esta enfermedad son los niños, que suponen un 70% de los afectados. Aunque los síntomas de la enfermedad ya habían sido descritos por viajeros y misioneros que recorrieron África a finales del siglo XIX, la bacteria causante de la misma, el Micobacterium Ulcerans (de la misma familia que los bacilos de la tuberculosis y la lepra), no fue aislado e identificado hasta 1948, en Australia. Desde esa fecha hasta los años sesenta, cuando empezaron a observarse casos en varios países del mundo, apenas existen referencias aisladas sobre la incidencia de la enfermedad, que en la actualidad es ya la tercera enfermedad micobacteriana más frecuente en el mundo, después de las citadas anteriormente: tuberculosis y lepra. En términos generales, los focos de la ÚLCERA DE BURULI, también denominada como la lepra del siglo XXI, se sitúan en las regiones cálidas y húmedas de los países tropicales de América, África, Asia y Oceanía. En la actualidad el mayor número de enfermos se registra en África Central y Occidental, en países como Costa de Marfil, Liberia o Benin.
La Úlcera de Buruli en Costa de Marfil La ÚLCERA DE BURULI se observó por primera vez en Costa de Marfil en 1978, aunque el primer foco epidémico no se produjo hasta 1989, en la región de Daloa. La que entonces se llamó "misteriosa enfermedad de Daloa" ha experimentado una evolución espectacular. Los 12 casos descritos en 1984 fueron 5.000 en 1995 y más de 16.000 en la actualidad. La enfermedad ha causado en los últimos años más de un millar de muertos y afecta a la totalidad del territorio del país. Dado que su comportamiento es similar en todos los países afectados, las observaciones que se han realizado en Costa de Marfil son válidas para toda su zona de implantación y presentan perfiles altamente preocupantes. A diferencia de la lepra o la tuberculosis, no se conoce una forma segura de prevenirla, no responde a los antibióticos y, hasta la fecha, la única forma eficaz de remediar sus efectos consiste en la extirpación quirúrgica de los tejidos afectados, los transplantes de piel y la amputación de los miembros deteriorados por la bacteria. Al no ser una enfermedad dolorosa en su primer estado, el pre-ulcerativo, los afectados no piden asistencia médica hasta que las úlceras son visibles y comienzan ya a manifestarse las terribles llagas y descarnaciones que caracterizan a la enfermedad. La ÚLCERA DE BURULI, cuya bacteria causante parece transmitirse principalmente a través del agua y causa estragos en las zonas bien irrigadas, que son precisamente las más prósperas e importantes para las economías de los países afectados, ataca principalmente a los niños, el sector más débil de la población. Esto se podría explicar porque "juegan en el barro, están en contacto con el sol, con el agua, entonces están más expuestos a la enfermedad", según afirma el Dr. Jean Marie Kanga, Director ejecutivo del Programa de Lucha contra las Úlceras Micobacterianas (PNUM), promovido en este país -en colaboración con otras Instituciones- por el Gobierno marfileño. De hecho la mayor parte de las personas atendidas, en los escasos centros sanitarios existentes en Costa de Marfil, son niños que apenas alcanzan los 15 años de edad. Acuden a los centros después de haber recorrido varios kilómetros desde sus casas, llevando vendas que sustituirán a las ya ensangrentadas que cubren las úlceras de su cuerpo, y que deberán lavar ellos mismos para poder utilizarlas en la próxima cura. El tipo de asistencia que reciben es muy básica, dirigida a evitar infecciones y una mayor extensión de la enfermedad. A pesar del dolor y la impresión que les producen las curas, los niños acuden puntualmente a la cita que tienen periódicamente con los enfermeros, depositando en ellos toda su esperanza de cura. El tratamiento quirúrgico -el único realmente efectivo- es extremadamente costoso y requiere de infraestructuras hospitalarias, de las que carecen en calidad y cantidad suficiente los países afectados. Además, el período de recuperación de los enfermos es muy largo y exige entre 6 y 36 meses de hospitalización, así como una posterior rehabilitación ya que, con mucha frecuencia, sufren terribles deformidades y amputaciones. Al ser los niños los principales afectados, las consecuencias sociales de la enfermedad se disparan. El largo periodo de hospitalización requerido para la segura recuperación del enfermo, supone un aumento de la desescolarización, ya que los niños no pueden acudir a los centros escolares. De la misma forma, la reinserción social se convierte en un problema de futuro. Por otra parte, las familias dedicadas a su cuidado interrumpen sus ocupaciones laborales habituales para poder atenderles, lo que no sólo afecta a su economía doméstica sino al conjunto de la economía del país. "Imagínense Vds. una madre de familia que tiene 4 ó 5 niños y uno de ellos está enfermo. Tendrá que abandonar a su marido, su hogar, su trabajo y a los demás hijos para irse a vivir en el hospital durante 2 ó 3 años. Es algo catastrófico, cuando llega al hospital ella no está enferma y no podemos garantizar su supervivencia", comenta preocupado el Dr. Jean-Marie Kanga.
ANESVAD, un nuevo reto El trabajo de ANESVAD en Costa de Marfil se centra en promover la asistencia sanitaria de forma gratuita a los enfermos de ÚLCERA DE BURULI. Para ello, y en colaboración con el Ministerio de Salud Marfileño, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el apoyo técnico del Hospital 12 de Octubre de Madrid, ANESVAD ha puesto en marcha los siguientes Proyectos:
Además, ANESVAD también asume los gastos correspondientes a la alimentación de todos los enfermos que ingresan en este nuevo Dispensario de Kongouanou, así como los sueldos de la cocinera, enfermeros y auxiliares sanitarios. El objetivo último de ANESVAD, a través de la realización de estos Proyectos, es el control -en la medida de lo posible- de la ÚLCERA DE BURULI, la lepra del siglo XXI. Se quiere evitar su expansión a otras zonas y facilitar la asistencia sanitaria gratuita a los numerosos afectados en Costa de Marfil, principalmente a los niños, el sector más importante de la población, ya que de ellos depende el futuro del país.
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